LIBURUAREN AURKEZPENA
Imanol Haro
ZER DA?
“Kameraren atzetik: irudien bidez narrazioak egitea: gidoitik filmera”. Zer da hau? Liburu bat? Zer liburu mota, esku-liburua edo bestelako zerbait? DVDa dauka, eta komikia ere bai. Zer da, liburu bat baino gehiago, ikus-entzunezko proiektu bat…?
NIRE IKUSPUNTUA: IRAKURLEARENA
Aurkezpenean esan duten bezala, liburuaren euskarazko bertsioaren itzultzailea naiz, eta, itzuli aurretik, logikoa denez, liburuaren irakurlea izan naiz. Eta irakurle izan naizen aldetik, liburutik zer atera dudan azaltzen saiatuko naiz.
KOLONIZAZIO KULTURALA ETA IDEOLOGIKOA
Liburua irakurri aurretik sumatzen nuen, edo jakin banekien, zinean ere kolonizazio ideologiko eta kultural batean bizi garela. Bide batez, esango dut kolonizazio linguistiko bat ere badagoela, pelikula gehienak ingelesez filmatu eta guri gaztelaniaz iristen zaizkigulako. Isabelek izen-abizenak jarri dizkio eredu horri: Hollywoodeko paradigma. Isabelek gidatuta, hobeto ikusi det gaur egun, kartelera komertzialetan, telebistan, bideo klubetan eta, horren ondorioz, gure kultur erreferentzietan jarrera monopolista duen eredu bat dagoela. Nagusi den eta erabatekoa izan nahi duen eredu bat dagoela. Ideologia jakin bat bultzatzen duen eredu bat da, gainera.
ETA BESTE ZINEMA EREDU BATZUK
Baina, horrekin bat, Isabelek erakutsi dit beste zine eredu batzuk ere badaudela.
ZERGATIK EZ DITUT GUSTUKO ZINE EREDU BATZUK?
“Kameraren atzetik” proiektura hurbildu aurretik, ez nion neure buruari galdetzen zergatik ez dudan gustuko Irango zinea. Zergatik ez dut gustuko Irango zinemagintza? Edo Senegalgoa? Edo finlandiarra? Zergatik ez dut gustuko Kaurismaki? Are gehiago, zergatik ez ditut gustuko horiek guztiak, inoiz ez banaiz joan pelikula iraniar edo senegaldar bat ikustera? Zergatik ez dut gustuko Kaurismaki, nor den ere ez badakit?
IKUSPEGI KRITIKOA SUSTATZEKO
Galdera horien erantzunak bilatzeko bultzada eman dit proiektuak. Zinea beste modu batean ikusteko ikuspegi zabalagoa eman dit. Niretzat pelikulak ikuspegi kritiko batekin, edo ikuspegi kritikoago batekin, ikusteko balio izan dit.
NORENTZAT?
Jaionerentzat: Beste batentzat bere 14-16 urteko ikasleak ikus-entzunezkoan trebatzeko balio izango dio.
Juanlurentzat: Beste batentzat, balioko dio buruan bueltaka dabilkion ideia bat gidoi batera eramateko.
Maiterentzat: Beste batentzat, film labur bat egiteko.
Ikus-entzunezkoan aditua den batentzat, adibidez, alor horretako ezagutzan sakontzeko.
ZINEMA KOMERTZIALAREN IKUSPUNTU HERTSIA
Orain dela gutxi, Berria egunkarian, elkarrizketa egin zioten Josetxo Cerdan Iruñeko Ikuspuntu jaialdiko zuzendariari, eta honek hau esan zuen: “Zinema komertzialak gero eta ikuspuntu hertsiagoa du. Ikuspuntu eta gisa honetako jaialdiak dira bestelako zinema mota bati leihoak irekitzen dizkioten bakarrak”.
“KAMERAREN ATZETIK” LEHIOA ETA ATEA DA
“Kameraren atzetik” ildo horretan doa. Eta, leiho bat ez ezik, atea ere bada. Atea ireki eta denok zinemagintzara sartzeko aukera ematen digun proiektu bat, adina, kultur maila, interesa edozein izanik ere. “Kameraren atzetik” denontzat delako. Zinea denontzat delako, ikuspegi elitisten edo baztertzaileen gainetik. Denontzat.
KAMERAREN ATZETIK. IRUDIEN BIDEZ NARRAZIOAK EGITEA: GIDOITIK FILMERAPresentación del libro Detrás de la cámara. Cómo narrar en imágenes: del guión a la película.Isabel Alba, abriendo sentidos, abriendo sensibilidades
Nuevo documental de Juan FalqueLa piratería en Somalia acapara los medios de comunicación, pero la información llega, en la mayoría de los casos, fragmentada, distorsionada, manipulada. Este documental trata de reorganizar y completar la información existente, ofreciendo un acercamiento a este conflicto, a su origen, a sus motivaciones... y sobre todo a sus consecuencias. Pictografías Urbanas
La aparición de la fotografía a mediados del siglo XIX desencadenó un curioso proceso de contaminación recíproca y de forcejeo deformativo en el campo de la creación artística. La pintura, nos dice Walter Benjamin, trató de explorar visiones inalcanzables para las nuevas técnicas fotográficas (el movimiento, el color, el impresionismo, el cubismo, la abstracción) mientras la fotografía, que conquistaba enseguida todas las plazas, buscaba dignificar estéticamente una práctica dominada por la impersonalidad tecnológica del “aparato”. Desde entonces pintura y fotografía no han dejado de imitarse y disputarse la producción de imágenes significativas sin darse cuenta de que una y otra estaban cediendo sus ventajas a la insignificancia del mercado capitalista, donde todas las imágenes, como también ha sabido ver John Berger, cumplen siempre una función “publicitaria”. La pintura era elitista; exigía formación, oficio, y esa energía inconmensurable llamada “genio”. La fotografía, como anunciaba la demagogia de la casa Kodak desde 1881, sintetizaba todas esos trabajos y virtudes individuales en un “botón” (un clic) que cualquiera -obrero, burgués, mujer o niño- podía pulsar. La cámara, como artefacto tecnológico, recogía la acumulación secular de esfuerzos y talentos idiosincrásicos para ponerla a disposición de todos los seres humanos, capaces ahora de reproducir las imágenes del mundo sin aprendizajes ni mediaciones. Algunos pensaron por eso que la fotografía llevaba inexorablemente al socialismo, pero lo cierto es que el capitalismo entendió enseguida que esa impersonalidad tecnológica era mucho más útil para la fabricación seriada de consumidores de mercancías. La digitalización de las imágenes cierra hoy el círculo del carácter autorreferencial del capitalismo: todos los objetos son ya en realidad fotografías y todos los objetos -los teléfonos, los bolígrafos, los ordenadores, los libros mismos- hacen o harán fotografías. Todos somos fotógrafos fotografiados mientras fotografiamos fotografías de fotógrafos que nos fotografían. Y la realidad es ese resto siniestro, borroso poso de café, que todavía nadie puede -ni quiere- fotografiar. Pero la cámara es también, o sobre todo, una “mediación”, como algunos grandes fotógrafos, conscientes de que la amenaza no era la pintura sino el mercado, enseguida defendieron. Una cámara es una condensación impersonal de miradas ajenas -que la digitalización ha uniformado en la perfección- concebida en realidad para prestar atención a ciertas partes del mundo, para jerarquizar y ordenar las impresiones visibles, para hacerse un hueco en un universo de borboteo indiferente. Lo de menos es que las cámaras hagan fotografías; lo que importa es que encadenen el ojo en el exterior. Una cámara -como un telescopio o una lupa- debe ser la incómoda prótesis, pesada y protuberante, mediante la cual logramos fijar un objeto en medio del flujo hemorrágico de las imágenes; la mota en el ojo que nos obliga a mirar lo que habitualmente sólo vemos, eso que dejamos pasar -desfile de inexistencias- sin examinarlo ni cuidarlo ni amarlo ni acariciarlo. La cámara es la conciencia de los objetos como la conciencia es la lente de los sujetos; tiene que pesar en el hombro y escocer en los párpados. Ahora bien, esa conciencia se ha ido perdiendo muy deprisa por razones al mismo tiempo tecnológicas y mercantiles, hasta el punto de que hoy la cámara forma parte inconsciente del organismo, como el riñón o la córnea, y los 10.000 millones de fotografías de Facebook -con su repertorio raquítico- dejan claro que lo propio de la nueva naturaleza humana no es mirar sino fotografiar. Por eso, lo primero que debe rescatar un verdadero fotógrafo es la conciencia misma de la cámara. Y esta conciencia -la del artificio mismo- debe formar parte de las imágenes que pone ante la vista. Un fotógrafo es alguien que lucha contra las imágenes -como un pintor es alguien que lucha contra las representaciones y un escritor es alguien que lucha contra las frases hechas. La presencia repentina de la cámara en un orden falsamente transparente, ilusoriamente natural, nos recuerda que el mundo es una decisión, que es una construcción, que tiene un origen y que está condenado, por tanto, a perecer. Son estas revelaciones las que nos asaltan desde las obras de Isabel Alba. Todo el que quiere decir algo viejo inventa o descubre una técnica nueva; todo el que quiere repetir lo que ya no sabemos necesita inventar o descubrir un procedimiento inédito. Allí donde el ojo pasa de las cosas y la fotografía sólo registra su pasar mismo, es imprescindible un nuevo artificio para poder ver lo que tenemos delante de la vista. Luchar contra el ojo y luchar contra la fotografía, velos de cegadora claridad, es lo que hace Isabel Alba en estas -cómo llamarlas- pictografías urbanas en las que de pronto, a fuerza de degradar la perfección de las imágenes, a fuerza de restar calidad a la olímpica y engañosa precisión digital, a fuerza de hacer retroceder las almas al cartón, comparece ante nuestros ojos todo el exotismo terrible de nuestras propias vidas, de nuestras propias ciudades, de nuestras propias ruinas. Isabel Alba fotografía al azar -de pasada, al pasar- pecios urbanos inconexos y resulta que tienen sentido; pero ese sentido, que es también un perverso plan original, tiene que ser mirado y reconstruido materialmente -con trabajo, con inteligencia, con intuición creativa- en otro sitio, con otras herramientas, en otra dimensión. De ahí, por ejemplo, la importancia del papel, de su consistencia pobre y severa, que boicotea una y otra vez el peligro de la sublimación publicitaria, del placer banal -cada vez más banal- de las “buenas fotos”, y que por eso mismo asimila los motivos, figuras y planos de estas obras a la pasta táctil de la pintura. Lo que diferencia la fotografía de la pintura es que la pintura se puede tocar, apetece tocarla; y las obras de Isabel Alba son en este sentido más pictóricas que fotográficas. No es un capricho. Isabel Alba, que desde niña lo hizo todo bien (escribir, pintar, hacer guiones, enseñar y hasta rehacer bufandas y jerseys), ha comprendido con las manos -la única manera de comprender- que, en un mundo naturalmente imaginario, hay que volver artificialmente a la realidad, hay que degradar las imágenes publicitarias, ponerles grano y polvo y sal, para que segreguen la cosa que llevan dentro. Si las cosas ya sólo parecen lo que son, y aparecen tanto que acaban por desaparecer, tendrán que parecer menos, que aparecer planas y apagadas, para que vuelvan a ser lo que parecen. En este mundo volteado en el que las imágenes se alimentan de nuestra carne, la realidad es un fantasma o un despojo. Las piedras, los muros, las altas paredes impenetrables son espíritus. No se pueden fotografiar. Son intocables. Son invivibles. Isabel Alba no hace fotografías. Los que vayan a ver esta exposición comprenderán enseguida el enorme valor artístico de sus obras: en ellas Isabel ha conseguido materializar la materia, experimentar la experiencia, hacer reaparecer la apariencia. Los dioses (y los monstruos) crean mundos; los buenos artistas nos los enseñan.
Santiago Alba Rico
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